La Medicina antigua, considera que la buena salud tiene tres fundamentos: Nutrición, Ejercicio físico, y Meditación.

En este artículo comparto mi opinión, como practicante de Meditación.

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Con la Meditación he debilitado algunos hábitos que al ir madurando, quiero desaprender.
Lo que queda es mi esencia. No es algo que haya ganado, o añadido. Es algo que ya estaba ahí. (La vida es más sencilla de lo que pensaba).

Menos es más

Algunas cosas que desaprender con meditación:

1. El perfeccionismo

Este hábito se basa en la idea de que yo sé cómo son las cosas perfectas y por tanto puedo criticar, ser rígida, moralista, estricta, incluso agresiva.

Al meditar observo que no sé cómo es la perfección. Sólo puedo preguntar por ella, abrirme a la naturaleza y a su tejer armónico, en un movimiento humilde, flexible.

2. La manipulación

Frecuentemente trato de imponer ideas, acciones o sentimientos a los demás. Quiero manipular el exterior. Familia, amigos, compañeros, pareja…todos deberían cambiar.

Al meditar comprendo que si quiero cambiar algo afuera, tengo que cambiar yo misma primero. Esto lo decía Gandhi. “Sé el cambio que quieres ver en el mundo” Después hay unas neuronas estupendas que se llaman «neuronas espejo», por la cuales generamos una influencia en el entorno.

La verdadera influencia, o liderazgo, proviene de la autenticidad del ejemplo.

3. El hacer cosas sin parar

A veces estoy agobiada, haciendo de todo y pensando en las siguientes tareas que tengo que hacer. Tengo prisa, y si paro, me siento culpable, porque todo el tiempo tengo que hacer algo “productivo”.

Al meditar en el quehacer cotidiano, veo que cuando me gusta y atiendo a lo que hago, disminuye el esfuerzo. Las actividades tienen su tiempo justo, y normalmente las prisas deterioran la calidad. En oriente existe el concepto de “acción correcta”, misteriosamente llamada “no acción”: Se refiere a estos actos creativos, que se disfrutan.

4. El victimismo

He sido a veces sufridora. Si no está pasando algo malo, lo busco en el pasado, el futuro, a kilómetros de distancia, o en la noticias de la tele, que son un filón. Siempre puede haber motivos para el dramatismo, y ser el centro de atención. ¡Cuídenme! ¡Pobrecita yo!

Si quieres seguir siendo una víctima, y te compensa… ¡no medites!

Al meditar me hago responsable, de lo que hago, y en gran parte, de lo que me pasa. Ante las mismas circunstancias, existen alternativas de comprensión y reacción diferentes. Incluso ante la enfermedad y la muerte, hay diversos estilos, elegancia y paz.

5. El aislamiento

¿Quién no se ha sentido miserablemente solitario alguna vez? Y la peor soledad es estar con gente que nos hace sentir solos. La gente no me comprende, no tienen los mismos gustos que yo. Soy una rara.

La meditación es una conexión con la naturaleza y con los “otros”, donde al aislamiento es absurdo.
Soy porosa y empática. Mi subconsciente es colectivo. No existo como individuo separado…

 

6. El miedo

Miedo a la violencia, al futuro, a que la humanidad se va a autodestruir, a los bichos….. Miedo a la incertidumbre, que me lleva a certezas falsas, suposiciones y prejuicios.

El miedo debería ser una protección natural ante peligros puntuales, no una costumbre repetitiva e imaginaria.

Esto dice la ciencia: Los átomos de mi mano derecha vienen de estrellas diferentes a los átomos de mi mano izquierda. Hay una fuerza que los atrae hasta aquí, los organiza durante un tiempo, y después los va despidiendo.

Hay una «Organización» que mantiene el orden, desde las galaxias, hasta los pensamientos y emociones que entran y salen constantemente. Somos polvo de estrellas reciclado.

Cuando medito sobre esta armonía, ¿Queda espacio para el miedo?

7. La falta de sentido

A veces estoy como buscando algo. Trato de leer muchos libros, viajar a muchos sitios, hacer muchos cursos… comer mucha comida…. Cualquier cosa, siempre que sea mucho. Excesivo.

Con la práctica de la meditación, me doy cuenta de que haga lo que haga, lo más importante es “estar presente.” Por un momento, me siento feliz sólo por respirar. Me siento inspirada, apasionada, como parte de un «Plan» con mucho sentido.

El guerrero pacífico

8. La mentira

Las palabras son símbolos de otros símbolos, las ideas. A veces digo cosas diferentes a lo que pienso, y pienso diferente a lo que hago. Es un galimatías. Otras veces la mentira está en mi pensamiento. Supongo cosas. O la verdad es tan horrible que necesito disfrazarla. Tengo tantos defectos… ¡Un ego completo! Mi propio monstruíto.

Pero ¿a quién engaño? Cuando medito, observo la verdad, y si no me gusta, pues hay cosas que «Reparar». Igual que mi cuerpo se repara constantemente, la mente también. No siento vergüenza de mis reparaciones. Sólo soy un ser humano. Soy amiga de mí misma y puedo mirar las imperfecciones con lealtad. La mentira, entre amigos, no es necesaria…

9. El desamor

La autoestima dañada es una epidemia. Soy más fea, o inferior… Otras veces se infla y miro por encima del hombro. También funciona por grupos. Nosotros, los españoles, los europeos, somos mejores, o peores que…o los de esta filiación política, religiosa, etc.

Comparo; Si quedo por debajo del listón, no merezco ser querida, y si quedo por arriba, no son dignos de amor los demás.

La meditación nos iguala en dignidad. Puedo mirar a los ojos, con capacidad de amar y ser amada. Citando a la mitología griega, como “Eros” me encanta el contacto, y ser nutrida. Como “Ágape” me interesa el bienestar de otros. Como “Filias”, amo las cosas bien hechas. Y como «Tanatos» conozco la estima más grande de todas, el amor de dejar ir.

No hay freno para el amor, tal como lo entienda cada uno: Amabilidad, interés, generosidad, perdón, compasión, romanticismo, bondad, alegría, unidad, continuidad…….

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Fotografías gracias a Etta Rizz

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«La pregunta es la más creativa de las conductas humanas». Responsable de Innovación